La integridad corporativa ya no puede entenderse como una simple arquitectura de controles, políticas y sanciones. En un entorno atravesado por investigaciones internas, presión regulatoria, corrupción transnacional, financiamiento político opaco y nuevas formas de fraude, el verdadero desafío consiste en construir organizaciones capaces de buscar la verdad, escuchar el disenso ...